María Luisa Ruiz Jiménez dona su colección etnográfica al museo
Un conjunto de objetos cotidianos del siglo XX, desde trajes de época hasta juguetes antiguos, pasa a formar parte de la colección del Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla tras la donación de una particular.
El Museo de Artes y Costumbres Populares de Sevilla acaba de recibir un cargamento cargado de historia cotidiana. María Luisa Ruiz Jiménez ha donado a la Junta de Andalucía un conjunto de bienes muebles de carácter etnográfico que, lejos de ser piezas de museo al uso, reflejan la vida andaluza de buena parte del siglo XX.
Datos clave
- Donante
- María Luisa Ruiz Jiménez
- Destino
- Museo de Artes y Costumbres Populares
- Contenido
- Bienes muebles de carácter etnográfico
La donación es un compendio de recuerdos domésticos y personales. El inventario incluye desde trajes de novio y chaqués de la posguerra hasta una colección de historietas femeninas de 1959, como las de la Colección Susana y Serenata de Ediciones Toray. También hay piezas de lo más curioso: una cañera con sus vasos, una brocha de afeitar de los años 50 y hasta un sombrero de copa de la mítica Sombrerería Maquedano.
El interés de estos objetos, según consta en la orden de la Consejería de Cultura, radica en su capacidad para reforzar los proyectos expositivos del museo, especialmente aquellos centrados en analizar los cambios sociales y la identidad andaluza. El conjunto fue examinado y valorado positivamente por la Comisión Andaluza de Bienes Muebles antes de formalizar su ingreso en la Colección Museística de Andalucía.
La lista de objetos continúa con una serie de juguetes de época que parecen sacados de un baúl familiar. Destacan dos almireces de hierro fundido, una polvera rosa, un conjunto de tres peines con su soporte original y un par de sillones de hojalata pintada. Todo el material ha sido ya depositado en las instalaciones de la calle Plaza de América.
La dirección del museo tiene ahora la tarea de levantar el acta de recepción definitiva. El proceso administrativo queda así cerrado, permitiendo que estas piezas dejen de ser propiedad privada para integrarse en el patrimonio histórico de la comunidad.
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