La granja porcina de Langa de Duero estrena nuevas placas solares
La explotación de María Grad, en Langa de Duero, actualiza su autorización ambiental con una nueva instalación fotovoltaica y medidas de control contra emisiones.
Los vecinos de Langa de Duero y Zayas de Torre conviven con una explotación porcina que acaba de renovar sus credenciales ambientales. María Grad, titular de la granja ubicada en el polígono 13, ha integrado en una sola resolución la revisión de su autorización original de 2008 con una modificación no sustancial que, entre otras cosas, busca aprovechar el sol soriano.
Datos clave
- Capacidad
- 2.856 plazas de cerdos de cebo
- Autoconsumo
- 9,84 kW en placas fotovoltaicas
- Seguridad
- Generador diésel de 36 kW
- Plazo adaptación
- 6 meses
La granja, diseñada para acoger hasta 2.856 plazas de cerdos de cebo, ha incorporado recientemente un sistema fotovoltaico de autoconsumo compuesto por 24 módulos y un inversor de 10 kW. Junto a esta apuesta por la energía solar, el recinto ha sumado un generador diésel de 36 kW pensado exclusivamente para garantizar el suministro en caso de emergencia.
El grueso del expediente se centra en la adaptación a las conclusiones sobre las mejores técnicas disponibles (MTD) para el sector porcino. Este proceso técnico, que la Junta de Castilla y León ha revisado de oficio, obliga a la instalación a cumplir con estándares más exigentes en la gestión de sus purines y en la reducción de emisiones contaminantes.
La actividad se asienta sobre una parcela de 11.280 metros cuadrados. La gestión de estiércoles debe seguir un protocolo estricto que prioriza la valorización agrícola, prohibiendo vertidos al dominio público hidráulico y exigiendo el control de las aguas subterráneas mediante una red de tres piezómetros que vigilarán cualquier posible fuga.
La resolución también pone orden en el calendario de aplicaciones sobre el terreno. Queda prohibido esparcir purines en fines de semana, festivos o los días de las fiestas patronales de los municipios cercanos, salvo que la aplicación se realice mediante inyección directa en el suelo.
El cumplimiento de estas nuevas condiciones es obligatorio desde este mes de noviembre. La titular dispone de un plazo de seis meses para adaptar formalmente su actividad a los nuevos requerimientos técnicos que impone esta orden.
La explotación, que se sitúa en una zona catalogada como ruidosa (área tipo 4), no prevé molestias vecinales, aunque los controles anuales de amoniaco y las revisiones semestrales de sus balsas de purines serán ahora la tónica general bajo la supervisión de la Junta de Castilla y León.
Las antiguas balsas, que deberán mantenerse en perfectas condiciones de estanqueidad, cuentan con un sistema de gestión que ha sido validado técnicamente para asegurar que no se comprometa la calidad del entorno natural próximo.
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