Anna Rodríguez Gutiérrez, luz verde para sus cerezos en Garcia
Anna Rodríguez Gutiérrez obtiene el informe de impacto ambiental para recuperar 2,08 hectáreas de terreno en Garcia. El proyecto de cerezos tiene vía libre, pero con una condición innegociable sobre el agua del pozo.
Recuperar un antiguo campo de cultivo para plantar cerezos parece una idea sencilla, pero cuando el terreno ha sido reclamado por la vegetación forestal, los trámites se complican. Anna Rodríguez Gutiérrez ha recibido luz verde para su proyecto en Garcia, una finca de 2,08 hectáreas en el polígono 18 que volverá a ser agrícola.
Datos clave
- Superficie
- 2,08 hectáreas
- Ubicación
- Polígono 18, parcela 118, Garcia
- Condicionante
- Acreditar disponibilidad legal de agua
- Vigencia
- 4 años
El visto bueno llega tras una evaluación simplificada de impacto ambiental, ya que la zona se encuentra dentro de la red Natura 2000. El dictamen oficial concluye que, siempre que se respeten los bancales y la morfología del lugar, el cambio no supone un riesgo significativo para el entorno.
La principal advertencia para la promotora es el uso del agua. El informe es claro: el proyecto prevé regar mediante un pozo, pero como no consta su titularidad en el registro oficial, el riego no puede arrancar hasta que se regularice la situación legal de ese aprovechamiento hídrico.
Los trabajos deben ser cuidadosos. No se permiten movimientos de tierras masivos y se insta a preservar los márgenes de piedra seca, elementos que definen el mosaico agroforestal del entorno y sirven de refugio a la fauna local.
La seguridad frente a incendios es otro punto clave. Al ubicarse en un municipio de alto riesgo, los restos vegetales de la tala deberán gestionarse de inmediato, sin dejarlos acumular junto a la masa forestal contigua.
El proyecto no contempla nuevas edificaciones. Los 2.080.000 metros cuadrados de actuación se limitan a la roturación, preparación del suelo y la plantación de los cerezos, bajo el compromiso de no alterar el drenaje natural de la parcela.
Si durante el desbroce aparecen restos arqueológicos o nidos activos, el protocolo es tajante. Los trabajos deben detenerse.
Las obras tienen cuatro años de validez. Si no se autoriza la explotación en este plazo, este permiso ambiental perderá su vigencia.
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