Luz verde al olivar superintensivo de Maria Teresa Perelló en La Palma d'Ebre
El proyecto de Maria Teresa Perelló Rojals para transformar 9,09 hectáreas de bosque en olivar superintensivo recibe el visto bueno ambiental con condiciones estrictas.
Los 9,09 hectáreas de terreno forestal en La Palma d’Ebre ya tienen permiso ambiental para convertirse en olivar superintensivo. El Departamento de Territorio ha dado luz verde al proyecto de Maria Teresa Perelló Rojals en las fincas Valinjoba y Corral Meloners, determinando que no hace falta una evaluación ordinaria siempre que se cumplan las medidas correctoras impuestas.
Datos clave
- Superficie roturación
- 9,09 hectáreas
- Ubicación
- Fincas Valinjoba y Corral Meloners
- Vigencia permiso
- 4 años desde su publicación
El visto bueno no es un cheque en blanco. La resolución impone un catálogo de condiciones para proteger el entorno, que no es precisamente un espacio cualquiera. La zona es área de campeo y caza del águila perdicera, una especie en peligro de extinción que requiere, según los técnicos, evitar las molestias innecesarias en los periodos sensibles de primavera y verano.
La Agencia Catalana del Agua y la Confederación Hidrográfica del Ebro también han puesto deberes. El promotor deberá justificar la procedencia de los recursos hídricos necesarios para el riego y cuidar que los movimientos de tierras no alteren los drenajes naturales ni perjudiquen a terceros con escorrentías no deseadas.
El proyecto elimina unos 6.830 metros cuadrados de pinares mediterráneos. La administración considera que, dada la extensión de este hábitat en la región, la pérdida es poco significativa, pero exige proteger los ejemplares de mayor porte y preservar los márgenes de piedra seca, elementos esenciales del patrimonio cultural de Les Terres de l'Ebre.
La mecanización del cultivo tiene límites estrictos. No se permitirá la recolección mecanizada nocturna para no perturbar a las aves silvestres que usan los olivos como refugio. Además, las pendientes de las nuevas terrazas deberán ser suaves, preferiblemente inferiores al 2 por ciento para evitar la erosión.
Las obras deberán ser supervisadas por una dirección ambiental que confirme, al finalizar, que se ha respetado todo lo pactado. El informe final será la garantía de que el olivar convive con el ecosistema. Una vez concluidos los trabajos, el promotor tiene una cita obligada en la oficina territorial para presentar el balance de las actuaciones.
Si el proyecto no se ejecuta en un plazo de cuatro años, este permiso perderá su vigencia. La naturaleza manda.
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