Roturaciones en la finca Guilanyà de Navès: 43 hectáreas bajo lupa
El Departamento de Territorio autoriza la ampliación de pastos en Navès bajo estrictas medidas de protección hídrica, faunística y compensación de hábitats.
La finca de Guilanyà, en Navès, quiere crecer. Su propietario, Francesc Josep Guilanyà Feliu, planea roturar 43,28 hectáreas de terreno forestal para ampliar los pastos destinados a su ganado vacuno. El Departamento de Territorio, Vivienda y Transición Ecológica ha dado el visto bueno ambiental al plan, eso sí, con una lista de condiciones que obligan a rediseñar el mapa original de desbroces.
Datos clave
- Superficie afectada
- 43,28 ha
- Periodo vedado
- 15 de marzo al 15 de julio
- Ubicación
- Navès (Solsonès)
- Compensación HIC
- 1:3
El proyecto implica 25 roturaciones repartidas por la finca, que suma en total 296,05 hectáreas. La luz verde llega tras meses de informes cruzados, donde instituciones como el Instituto Cartográfico y Geológico de Catalunya y la Agencia Catalana del Agua han puesto sobre la mesa las precauciones necesarias. La mayor preocupación es evitar daños en elementos hídricos y proteger la biodiversidad en una zona catalogada como de alto riesgo de incendio forestal.
Las exclusiones son precisas. La roturación RM03, por ejemplo, debe recortarse para proteger la vegetación de la zanja de Ventolra y evitar zonas de pendiente excesiva. Lo mismo ocurre en las parcelas RM11 y RM12, que deberán mantenerse a cinco metros de la zanja de Cabanelles. En el caso de la parcela RM20, una balsa naturalizada que quedaba dentro del perímetro de intervención deberá quedar fuera, tal y como detallan las figuras anexas a la resolución.
La fauna y el patrimonio arqueológico también marcan el calendario de trabajo. Queda terminantemente prohibido realizar talas, desbroces o movimientos de tierra entre el 15 de marzo y el 15 de julio, los meses críticos de nidificación y actividad faunística. Además, el promotor deberá realizar una prospección arqueológica previa en las zonas de trabajo para garantizar que no se dañan restos, especialmente dada la cercanía de la Balma de Guilanyà, un yacimiento con presencia humana desde el Mesolítico.
Las exigencias ambientales no se quedan en el papel. El documento impone compensaciones obligatorias por la afectación de hábitats de interés comunitario y bosques de pino albar. La proporción exigida para compensar la pérdida de encinares es de tres hectáreas nuevas por cada una afectada, mientras que para los pinares del espacio de interés natural Sierra de Busa-Els Bastets-Lord la relación es de uno a uno.
El seguimiento será estricto. Al finalizar las obras, el promotor tendrá que presentar un informe final firmado por la dirección ambiental de la obra para certificar que todo se ha ajustado a las condiciones impuestas. Las roturaciones, pese a la polémica inicial de algunas de ellas, siguen adelante.
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