Luz verde a la granja de flores La Risquera en San Esteban del Valle
La Junta autoriza el proyecto de explotación agrícola y turística en La Risquera, que combinará el cultivo de flores con talleres y actividades en San Esteban del Valle.
La finca La Risquera, un rincón de 2,5 hectáreas en San Esteban del Valle, se prepara para un cambio radical. Lo que hasta ahora era una mezcla de pastizales y bancales va a transformarse en un centro de cultivo de flores ornamentales y aromáticas con vocación turística. La Junta de Castilla y León acaba de dar el visto bueno ambiental al proyecto, validando que el impacto de la intervención es mínimo y asumible.
Datos clave
- Promotores
- Ana Santiago Abaitua y Jaime de Sandoval Jordana
- Superficie total
- 25.086 m2
- Superficie construida
- 441 m2
- Vigencia informe
- 4 años desde publicación
El plan, promovido por Ana Santiago Abaitua y Jaime de Sandoval Jordana, no es una gran obra de hormigón. Se articula en tres pequeños núcleos: una granja de flores con oficina, una nave de trabajo y un invernadero; un taller para actividades divulgativas y eventos; y una pequeña nave agrícola en la parte alta. En total, se edificarán 441 metros cuadrados.
La propuesta destaca por su integración en el entorno. Se rehabilitarán dos construcciones de mampostería tradicional que ya existen en la finca, respetando los muros de contención de piedra que definen el paisaje de bancales. La energía vendrá del sol, con un sistema fotovoltaico autónomo, y el agua se gestionará mediante sondeos y recogida de pluviales.
El informe ambiental impone condiciones claras. Los acabados deberán ser discretos, con tonos rojizos u ocres, prohibiendo materiales como la uralita. Se deberá garantizar el acceso mediante caminos de no más de 3 metros de ancho y, dada la ubicación en una zona de riesgo de incendios, los promotores tendrán que redactar un Plan de Autoprotección.
La tramitación ya ha superado los filtros de la Confederación Hidrográfica del Tajo y las consultas con administraciones locales y ecologistas. Ahora, el proyecto debe seguir su curso para obtener la autorización definitiva, siempre bajo el paraguas de este informe favorable que caduca en cuatro años si no se pone en marcha la actividad.
Quedan las flores.
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