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Boletín Bien
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Luz verde al desarrollo urbanístico de Loidi-Azpi en Errezil

BOG, 25 de mayo de 2026

El Ayuntamiento de Errezil ha dado el visto bueno definitivo al convenio para desarrollar el área de Loidi-Azpi. Es un acuerdo donde la empresa Domusa, propietaria de gran parte del suelo, se hace cargo de todos los gastos de urbanización a cambio de tirar adelante con el proyecto. Con este pacto, el consistorio se quita de encima el peso de la ejecución y garantiza que el plan urbanístico pase de la teoría a la práctica.

Pues resulta que en Errezil se han puesto de acuerdo para que el suelo, al fin, empiece a moverse. El Ayuntamiento acaba de dar luz verde definitiva al famoso convenio para el ámbito de Loidi-Azpi, ese lugar que llevaba tiempo esperando su turno para dejar de ser una promesa sobre el plano y empezar a ser realidad. Para que nos entendamos, estamos ante una zona que han clasificado como actuación integrada, y eso en lenguaje de urbanismo significa que no puede ir cada uno por su cuenta: hay que ir todos a una bajo el llamado sistema de concertación.

La cosa tiene su historia y su letra pequeña. El Plan Parcial se aprobó en enero, y el programa de ejecución llegó en marzo. Ahora, con el convenio cerrado entre el alcalde, Luis Maria Arzalluz Amenabar, y los representantes de Domusa, la empresa que tiene casi todo el pastel del terreno, ya está todo listo. Porque claro, para esto se necesita que los propietarios que suman al menos la mitad del terreno firmen el pacto, y aquí la balanza está muy clara: Domusa posee prácticamente la totalidad de las parcelas computables.

El acuerdo es una lista larga de deberes para el propietario: tienen que redactar el proyecto de reparcelación, el de urbanización, ceder el suelo necesario para que el Ayuntamiento tenga sus calles, sus espacios libres y lo que toque, además de pagar las obras y cargar con los gastos que supongan los servicios públicos. Y como garantía, han tenido que soltar un aval del 7% del presupuesto de las obras, por si acaso a alguien le entran dudas a mitad de camino.

El Ayuntamiento, por su parte, se compromete a no dormirse en los laureles tramitando todo esto para que no se eternice. Es, en esencia, un contrato en el que todos saben qué les toca pagar y qué les toca recibir. Si en el futuro alguien vende su parcela, que sepa que el nuevo dueño se subroga en todos estos compromisos: las obligaciones van pegadas al suelo como una lapa, sin importar quién tenga la escritura.

Con esto, Errezil se asegura que la ordenación urbana no se quede en un cajón. Habrá que seguirle la pista a cómo se ejecutan esas obras de urbanización y cuánto tardan en verse las primeras máquinas en Loidi-Azpi, que es donde se ve realmente si el papel se convierte en cemento y aceras o si toca esperar a la siguiente ronda de plenos.

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