El campo de batalla de Somosierra, nuevo Bien de Interés Cultural
La Comunidad de Madrid blinda el entorno donde Napoleón dirigió su única batalla en suelo español. El nuevo estatus de Sitio Histórico protege los restos del fortín y la ermita frente a futuras intervenciones.
El campo de batalla de Somosierra es, desde este viernes, oficialmente Bien de Interés Cultural en la categoría de Sitio Histórico. La Comunidad de Madrid ha culminado así el expediente para proteger este enclave estratégico en el que Napoleón Bonaparte dirigió personalmente su única batalla en España, un escenario que conserva todavía las cicatrices de aquel 30 de noviembre de 1808.
Datos clave
- Qué es
- Bien de Interés Cultural (Sitio Histórico)
- Ubicación
- Campo de batalla de Somosierra
- Área protegida
- 2.800 metros de longitud
- Elementos clave
- Fortín napoleónico y Ermita de la Soledad
La declaración no es un mero trámite administrativo, sino un reconocimiento al valor material y paisajístico de la zona. Incluye los terrenos donde se libró el combate, el fortín erigido por orden directa del emperador tras la victoria francesa y la Ermita de Nuestra Señora de la Soledad, que formó parte del dispositivo defensivo español mediante la apertura de aspilleras en sus muros.
El área protegida abarca una franja irregular de 2.800 metros de longitud en el sector septentrional del municipio. El terreno se mantiene en gran medida como en el siglo XIX, libre de edificaciones y con el carácter imponente que define este paso de montaña en el Sistema Central, pese a la convivencia forzosa con trazados modernos como la carretera A-1.
El expediente, que recoge decenas de parcelas catastrales, busca preservar la potencialidad arqueológica del sitio. De hecho, prospecciones anteriores han permitido recuperar proyectiles, bayonetas y botones de los uniformes franceses, piezas que hoy descansan en el Museo del Ejército y en el Museo Arqueológico y Paleontológico regional.
El fortín, aunque actualmente se encuentra colmatado y cubierto de vegetación, es un elemento singular único en la región. Su protección obliga ahora a una atención especial en cualquier futura actuación urbanística o de mobiliario que pudiera alterar la percepción de este entorno histórico.
Esta protección prevalecerá sobre cualquier normativa municipal previa, obligando a ajustar los planes de ordenación urbanística a la nueva declaración. En la práctica, el entorno queda blindado frente a impactos visuales que desvirtúen su carácter agreste y su valor como testimonio material de la Guerra de la Independencia.
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