La trashumancia, declarada Bien de Interés Cultural en Madrid
El Consejo de Gobierno oficializa la protección de la trashumancia como patrimonio inmaterial madrileño. La medida busca preservar las rutas ganaderas y el legado cultural de los pastores de la región.
La trashumancia ya es oficialmente Bien de Interés Cultural en Madrid. Lo que durante siglos fue el motor económico y la red de caminos que vertebró nuestra región, desde la Sierra Norte hasta las vegas del sur, ha recibido el reconocimiento de la Comunidad para asegurar que esta forma de vida no se convierta solo en un recuerdo de los libros de historia.
Datos clave
- Protección
- Bien de Interés Cultural Inmaterial
- Ámbito
- Comunidad de Madrid
- Fecha decreto
- 21 de octubre de 2026
El decreto, publicado este 22 de octubre de 2026, consolida una protección que va más allá de la estampa bucólica. Se reconoce el valor de un sistema completo que abarca desde las cañadas reales hasta el oficio pastoril, pasando por la artesanía, la gastronomía y las estructuras sociales que permitieron a los pastores madrileños adaptarse al terreno durante generaciones.
Aunque el uso de estas rutas ha cambiado drásticamente, la norma subraya que el legado sigue vivo en las coladas, cordeles y veredas que todavía cruzan 170 de los 179 municipios de la región. El texto oficial destaca ejemplos actuales que combinan tradición e innovación, como las rutas de la Cooperativa Agroforestal Los Apisquillos, los rebaños bomberos que ayudan a prevenir incendios en El Atazar o el pastoreo de las vacas avileñas en la Pedriza.
El documento pone nombre a esta realidad cambiante. Reconoce el papel de los últimos pastores tradicionales, pero también celebra la incorporación femenina al oficio, una lucha contra la discriminación que ha sido clave para la pervivencia del sector en las últimas décadas. La figura del pastor ha mutado, integrando collares GPS y vallados electrificados, pero el fondo sigue siendo el mismo equilibrio entre el animal, el clima y el pasto.
La protección oficial llega en un momento de declive de la trashumancia de largo recorrido, sustituida en gran medida por la trasterminancia. Este decreto busca frenar el abandono de esta actividad, promoviendo la investigación y la difusión cultural para que las cañadas no se pierdan bajo el asfalto o la presión urbanística. La trashumancia es, desde hoy, un valor patrimonial protegido para todos.
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