Aralar amplía su huella en Amezketa con luz verde ambiental
La papelera Aralar en Amezketa ha conseguido luz verde para su segunda gran ampliación, ganando más de 4.000 metros cuadrados hacia el Parque Natural de Aralar. El proyecto incluye elevar la altura de una de sus naves y reorganizar los espacios de la Escuela Municipal Zumadi para garantizar la seguridad frente a inundaciones. Se trata de un intercambio de terrenos y licencias que viene condicionado por estrictas medidas ambientales y controles de ruido más rigurosos que en el pasado.
Si algo tiene Amezketa es su relación inseparable con la papelera Aralar. Lo que tenemos sobre la mesa es una declaración ambiental estratégica, un documento de esos que dan dolor de cabeza por la cantidad de tecnicismos, pero que en el fondo viene a contarnos que la fábrica quiere crecer y el Ayuntamiento ha dado el visto bueno para que lo haga sin cargarse el entorno. El plan pasa por redelimitarlos terrenos, lo que implica robarle unos 4.020 metros cuadrados al suelo no urbanizable, justo ahí, donde empieza el Parque Natural de Aralar. Un pellizco importante que busca dar aire a la planta industrial para nuevos edificios y mejoras tecnológicas.
La cosa tiene miga. La intención es que Aralar pueda edificar más, ganando superficie para un almacén automático y una planta de cogeneración. Pero como no se puede hacer lo que uno quiera, se han puesto condiciones. Por ejemplo, deben elevar una de las máquinas actuales para producir el nuevo material de las toallitas húmedas biodegradables, y eso obliga a subir la altura de la nave, desafiando las normas vigentes. Tras mucho tira y afloja, se ha permitido una altura libre exterior de 20 metros, un cambio notable que se justifica por razones técnicas y de producción.
También hay cambios en la Escuela Municipal Zumadi. El colegio tendrá un reordenamiento interno para mejorar el acceso a los servicios y evitar que los chavales tengan que salir fuera a cada momento, algo que agradece la seguridad. Además, se produce una permuta: el Ayuntamiento recibe unos 2.630 metros cuadrados como contrapartida por la edificabilidad extra que gana la empresa, y la papelera se queda con una franja de suelo necesaria para su operativa. Un intercambio de cromos de libro.
Todo esto ha venido acompañado de una lluvia de informes y condiciones, desde la Agencia Vasca del Agua hasta el Departamento de Patrimonio Cultural. Y es que, siendo un área inundable en periodos de retorno de 100 años, no es moco de pavo mover un solo ladrillo sin antes presentar informes técnicos que garanticen que, si el río se enfada, no arrastrará la obra ni a los vecinos. Papel Aralar tiene ahora la obligación de gestionar su impacto, mitigarlo y compensarlo con creces.
Para cerrar la ronda de pintxos, mencionar que el Ayuntamiento reconoce que en el pasado las cosas de seguimiento ambiental se hicieron un poco de aquella manera, sin el rigor que ahora exigen. Se han propuesto indicadores más simples, enfocados en lo que realmente importa: la calidad del aire y el control acústico. Habrá que seguirle la pista hasta el próximo boletín para ver si, esta vez, el control es tan riguroso como prometen los papeles.
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