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Sostenibilidad·Boletín Bien de Gipuzkoa,

Aia: un viaducto para salvar el deslizamiento de la GI-2631

La carretera GI-2631 en Aia necesita una reforma urgente por un deslizamiento profundo que ha dejado el suelo hecho unos zorros. La solución será levantar un viaducto sobre pilotes clavados en la roca para aislar la vía del terreno inestable. El proyecto, situado en pleno Parque Natural de Pagoeta, ha superado su evaluación ambiental bajo estrictas condiciones para no dañar el entorno. Las obras durarán unos trece meses y contarán con desvíos provisionales para el tráfico.

Cualquiera que haya circulado por la carretera GI-2631 a la altura de Aia sabrá que esa zona ha estado dando quebraderos de cabeza. El terreno no aguanta y, a la altura del punto kilométrico 19,250, el suelo ha dicho basta. El informe de impacto ambiental que acaba de salir confirma lo que muchos temían: el deslizamiento es profundo y serio, lo que obliga a reconstruir el trazado para que los coches no se terminen yendo al vacío.

Datos clave

Plazo de ejecución
13 meses
Plazo inicio obras
4 años desde la publicación
Ubicación
Punto kilométrico 19,250 de la carretera GI-2631 en Aia
Solución técnica
Construcción de un viaducto sobre 15 pilas-pantalla

La solución técnica es construir un viaducto apoyado sobre quince pilas-pantalla clavadas directamente en la roca. La idea es, básicamente, desconectar la carretera del terreno inestable para que el suelo se mueva por debajo sin llevarse el asfalto por delante. Un trabajo de ingeniería de precisión en un lugar donde la naturaleza manda y no perdona.

Lo curioso es que todo el lío ocurre dentro del Parque Natural de Pagoeta y la zona Natura 2000. Eso significa que cualquier movimiento de tierra está bajo lupa. El informe reconoce que, aunque el proyecto no es ideal para un entorno protegido, el impacto será limitado. Se han consultado a medio mundo, desde la Agencia Vasca del Agua (URA) hasta grupos ecologistas como Eguzki, y todos han puesto sus condiciones: prohibido verter nada al río Mindiko y obligación de restaurar el entorno con especies autóctonas una vez se terminen las obras.

Las obras, que se calculan en trece meses, prometen ser un dolor de cabeza para el tráfico. Se va a desviar la circulación por un camino provisional paralelo, lo que significa que tendremos cortes intermitentes y el clásico ritmo lento de las obras de carretera. Todo sea por la seguridad y por no perder ese tramo de la GI-2631.

Habrá que armarse de paciencia, porque el proyecto cuenta con cuatro años de margen para empezar a ejecutarse desde su publicación. Una vez arrancado el reloj, la Diputación Foral de Gipuzkoa tendrá que hilar fino con los controles ambientales, especialmente con la fauna. Se ha exigido una prospección previa para evitar cargarse nidos o refugios de especies protegidas en las zonas donde toque talar.

Lo dicho, una obra necesaria en un punto negro que merece la pena arreglar cuanto antes. A ver si con este viaducto conseguimos por fin pasar de largo sin sustos y dejamos la ladera en paz para que siga haciendo su vida de parque natural, eso sí, con la infraestructura bien atada al lecho rocoso. Habrá que seguirle la pista hasta ver las máquinas trabajando, para no alargar más la sobremesa.

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