Adios a los pinos de Tolosa: llega el turno de las hayas
La Diputación de Gipuzkoa ha dado luz verde para talar 13,75 hectáreas de pinos y alerces en Tolosa y sustituirlos por un hayedo autóctono. El plan es convertir un bosque artificial y pobre en biodiversidad en un ecosistema robusto de hayas, siguiendo las directrices de la ZEC Hernio-Gazume. La operación contempla medidas estrictas para proteger regatas y senderos, garantizando que el monte tolosarra recupere su aspecto original.
Toca hablar de montes, de hayas y de cómo vamos a sanear una zona de Tolosa que, para ser sinceros, pide un cambio a gritos. Resulta que en el polígono 6, concretamente en las parcelas 37, 38 y 41, hay plantado un bosque de alerces y pinos que está pidiendo la jubilación. Son 13,75 hectáreas de coníferas plantadas allá por los años 50 y 80 que, según los expertos, no aportan gran cosa a la biodiversidad local. El plan es sencillo pero ambicioso: cortar todo ese bloque y repoblarlo con hayas, el árbol que debería estar ahí por naturaleza.
La Diputación Foral se ha tomado el asunto con mucha calma, solicitando informes de impacto ambiental y consultando a todo el mundo que tiene algo que decir, desde Aranzadi hasta los grupos ecologistas. La conclusión es clara: esto no es una agresión, es una operación de cirugía forestal. Eso sí, para sacar la madera sin dejar el monte como un solar, hay que seguir una lista de deberes que daría para un manual de instrucciones de IKEA.
Por ejemplo, no se puede hacer cualquier cosa con las pistas forestales. El acceso al monte pasa por zonas muy transitadas por senderistas, y la idea es evitar que los camiones pesados se crucen con los paseantes. Hay que recuperar trazados viejos que estaban abandonados antes que abrir caminos nuevos que solo harían más daño. Y ojo, porque la zona tiene una sensibilidad hídrica altísima, con manantiales y regatas cerca. Si llueve, nada de meter maquinaria, porque el barro y el movimiento de tierras podrían dejar el agua como un caldo.
Lo más curioso del informe son las recomendaciones para evitar la "pérdida de puestas" de la Rosalia alpina, un escarabajo que, por lo visto, vive ahí y es muy sensible. Básicamente, les dicen a los madereros que se cuiden mucho de no amontonar madera durante los meses de mayo a septiembre para no molestar a los inquilinos de seis patas. También se exige respetar los árboles autóctonos que ya están allí y dejar troncos muertos para que los insectos xilófagos no se queden sin casa.
El plan de repoblación es de libro: 1.100 plantones por hectárea, con marco de 3x3 metros y con la idea de que, a largo plazo, esto sea un hayedo de los de verdad, de los que aguantan el cambio climático y fijan CO2 como nadie. A la corta a hecho o matarrasa la seguirá el trabajo fino de mano de obra donde el terreno sea tan empinado que no suba ni una máquina.
Resumiendo, nos encontramos ante un proyecto que, tras mucho informe y mucho papel, parece tener la bendición de todos los organismos. No hay patrimonio histórico que proteger, el riesgo de incendio se considera bajo y, a la larga, el monte va a ganar en salud. Eso sí, los vecinos de Urkizu van a tener que armarse de paciencia durante los meses de tala por el trajín de vehículos. Todo sea por recuperar el hayedo que nunca debimos perder. Habrá que seguirle la pista hasta que veamos las primeras hayas asomando en el monte.
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